Motivación Extrínseca vs Motivación Intrínseca

Inmersa en la aventura de la maternidad y la crianza cayó en mis manos un pequeño libro cuyo subtitulo me llamó mucho la atención. Se titula “Crecer con confianza. Educar sin castigos ni recompensas”. En educación el tema de los castigos está muy trillado, se ha escrito mucho, entre otras cosas, sobre sus consecuencias nocivas a largo plazo. Sin embargo, me chocó como la autora, Justine Mol, se posiciona categóricamente en contra también de los premios. ¿Por qué? Me pregunté yo, que tantas veces he oído hablar de la efectividad del refuerzo positivo.

Basándose en los principios de las teorías de la Comunicación No Violenta de Marshall Rosenberg, la autora sostiene que los premios son usados para manipular el comportamiento de nuestros hijos y al igual que el uso de los castigos conduce a los niños a la inseguridad, la desmotivación y la competitividad.

“El que acabe primero tendrá chocolate de postre”, “Si sacas buenas notas, iremos a la playa”, son frases que no nos resultan extrañas y aplicamos en nuestro día a día casi de forma automática. Quizás consigamos el resultado esperado en el corto plazo, pero, ¿qué les estamos transmitiendo a nuestros hijos?

Los premios coartan la creatividad y al investigador que llevamos dentro al hacernos seguir el camino más fácil para conseguirlo, por otro lado, refuerzan la motivación extrínseca versus la motivación intrínseca. ¿Os habéis dado cuenta de que cuando nos premian sistemáticamente perdemos el interés en la tarea?

Una historia…

“Cada día un grupo de niños de 10 años, al salir del colegio, insultaban a un anciano cuando pasaban por delante de su casa. Después de oír por enésima vez lo estúpido, feo y calvo que era, tuvo una idea. Al día siguiente se acercó a ellos para proponerles que si mañana volvían para meterse con él les daría un euro a cada uno. Los niños, sorprendidos y entusiasmados, regresaron al día siguiente para insultarle a gritos con más intensidad que nunca. Y él les dio el euro prometido. “Si mañana volvéis os daré 50 céntimos”, les dijo. Los niños volvieron al día siguiente para lanzarle una sarta de improperios y el anciano les pagó lo acordado, pero les advirtió: “Esto me está saliendo demasiado caro. Si volvéis mañana os daré 10 céntimos”. Los niños intercambiando miradas de decepción, le soltaron: “¿Por sólo 10 céntimos? Ni hablar!” Y ya no volvieron nunca más.”

Esta historia me hizo reflexionar. No es sólo en los centros educativos  y en las familias donde se oye hablar de desmotivación, competitividad y falta de interés. El Síndrome del Burnout tan, desgraciadamente, presente en nuestras organizaciones no es más que el mismo síntoma en un entorno distinto.

¿Cuáles son nuestras palancas de motivación en el trabajo? Y, ¿Las de nuestros líderes, nuestros colaboradores…etc.? Quizás seamos esclavos de un sistema educativo que nos ha enseñado a ser los mejores cueste lo que cueste, a  poner el foco en el resultado sin apreciar el proceso que nos ha llevado a él, a depender constantemente de la aprobación y el reconocimiento externo, en definitiva; al “tanto ganas, tanto vales”.

Ni el salario, ni los bonos, ni el premio al empleado del año son motivadores eficaces, el más eficaz de los motivadores parte de uno mismo, de su interior, de su actitud. Y es esta energía interior la que se ha ido modelando desde la infancia, desde un modelo que premia y castiga en función del resultado sin tener en cuenta el gozo, la vocación o el disfrute.

En esta línea, hay una lectura muy interesante: la obra de Kenneth W. Thomas “La motivación intrínseca en el trabajo”, en el que despieza el puzzle de la motivación intrínseca, enumerando cuatro recompensas intrínsecas:

  1. Sentir que PUEDO ELEGIR
  2. Sentir que SOY COMPETENTE
  3. Sentir que lo que hago TIENE SENTIDO para mi
  4. Sentir que PROGRESO

En consecuencia, ¿Qué pueden hacer los líderes de nuestras organizaciones para incrementar este sistema de recompensas intrínsecas? ¿Cuál ha de ser el rol a adoptar?

  1. Liderar ofreciendo CAPACIDAD DE ELECCIÓN: DAR JUEGO
  2. Liderar para incrementar el nivel de COMPETENCIA: ENTRENAR
  3. Liderar para DAR SENTIDO AL TRABAJO: INSPIRAR
  4. Liderar para CONSEGUIR PROGRESO: ANOTAR LOS RESULTADOS Y ANIMAR

He aquí, algunas pistas para ir transformando las palancas de motivación de nuestra sociedad, como veis conceptos totalmente aplicables tanto al entorno educativo como al profesional, no?

Os  animo desde este espacio  a disfrutar del camino con la ilusión de un niño y comenzar a transformar la motivación extrínseca en motivación intrínseca.

 

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comment 1 comentario - puedes comentar o hacer ping

  1. Viva las vegas!! dijo:

    Enhorabuena por el post.

    Nos queda tanto por transformar en la educación…
    Hace falta cambiar paradigmas, apostar por lo diferente y atreverse a ponerlo en práctica.
    Lo cómodo es repetir lo de siempre

    Os dejo un enlace muy interesante sobre el tema

    https://gesvin.wordpress.com/2015/02/05/7-extraordinarias-presentaciones-que-cuestionan-los-paradigmas-educativos/

    y enhorabuena por el 3000.

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