Monigotes con moraleja: Comunidad y visión

Revisando distintos vídeos sobre motivación y la creación de comunidades en las organizaciones -superando incluso el concepto de equipos-, nos encontramos con este interesante vídeo que resume de forma muy breve una estrategia interesante para afrontar momentos de cambio organizativo.


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Hemos hablado en ocasiones de la importancia de la impermanencia como posición ante la vida para afrontar los cambios, dado que únicamente la muerte es certeza. Desde una perspectiva personal parece claro. Quienes ven la botella medio llena superan los listones de quienes la ven medio vacía. Leía también el otro día que quienes trabajan y se motivan con fundamentos de carácter intrínseco, – a través de la naturaleza del propio trabajo, la satisfacción de la tarea, o la sensación de poder ayudar, por ejemplo-, alcanzan mayores cotas de éxito que quienes lo hacen tras la zanahoria y evitando el palo. Sin querer pecar de una visión reduccionista, en una dimensión individual de la persona, la actitud, el compromiso y la predisposición por valorar lo intrínseco podría justificar una ligera ventaja frente al cambio.

Pero, ¿qué pasa a nivel organizativo?, desde la posición de un trabajador en la empresa, ¿qué nos puede sustentar y dar cobijo en estos momentos de cambio radical? Cuando todo parece que se desmorona alrededor ¿qué evita el derrumbe? El vídeo (editado incialmente por http://movementvision.org para la promoción de su iniciativa, pero que se está moviendo bastante por youtube -viva la viralidad) nos traslada dos ideas muy claras: Trasladar una visión del proyecto y la importancia de la comunidad.

Solemos hablar de la importancia de desarrollar una visión compartida en la organización, porque es la que va a permitir, pase lo que pase, que el proyecto salga adelante. La visión del proyecto o de una determinada organización (no tiene por qué ser lucrativa) es el carácter más duradero de la misma. Es el mayor largo plazo posible, el pegamento que mantiene a las personas unidas. Ideales, principios, formas de hacer que nos llevan a ser lo que somos.

La segunda palabra que destacamos es la de comunidad. Por encima de trabajadores, por encima de una pirámide o estructura organizativa, creemos que la organización del conocimiento se sustenta y alcanza el éxito gracias a la comunidad que se forma en su entorno, de trabajadores y otros agentes, por supuesto. El concepto de jefe o responsable que nos indica hacia dónde ir ante una dificultad o cómo llevar a cabo la tarea se va a ir disipando, es pasado. Toca moverse, y son las organizaciones que aprendan a coordinarse, co-crear y colaborar las que se llevarán el gato al agua.

Amalio (@arey) destacaba hace unos meses algunas lecciones aprendidas que caracterizan a las comunidades de Software libre. Me lo apunté en su día y es que daba en el clavo. Iba leyendo su resumen sobre su funcionamiento y me decía, trasladándolo a una empresa en la que trabajar: “efectivamente, ese es el tipo de organización en la que quiero participar, me quiero involucrar”.  Hablaba de aspectos tan básicos como el disfrute de la tarea, el disfrute del proceso, el liderazgo meritocrático, participativo, la gestión guiada por valores sólidos, y asociados a la tolerancia al error, la transparencia, la confianza, la diversidad, la cooperación… lo mejor sería que le echárais un vistazo en su blog

Desgraciadamente esta transformación es lenta, y aunque el concepto de comunidad formal se expande lentamente, todos en mayor o menor medida nos apoyamos en esa comunidad informal que se desarrolla en las entrañas de toda organización.

Pero diantres, qué difícil parece superar la maldita brecha entre pasado y futuro y no hundirnos en el abismo del cambio. Que se lo digan a quienes se están quedando en el camino…

@oeguiguren & @lamiquiz

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