Gracias Madiba, un ejemplo de liderazgo

Se dice que de las experiencias negativas es de las que más se aprende, quizá por la  profundidad y duración del impacto que genera en nuestras emociones, que te obligan a activar mecanismos personales que ni siquiera conocemos que poseemos hasta que llega ese momento.

Por fortuna o por desgracia, la mayoría de nosotros hemos padecido en algún momento circunstancias adversas, y es entonces cuando deben salir a relucir ciertas competencias personales en su estado más puro.

Convivimos, hoy en día, con una situación económica que para algunos ha supuesto el fin de sus proyectos vitales y empresariales. Los tiempos de zozobra se están prolongando en demasía, y la luz del túnel anunciada, se constata más como un deseo que como una realidad. En estos tiempos  en los que la situación aprieta, las tensiones se acumulan, los ritmos aumentan y los recursos disminuyen, muchas empresas tienen que hacer verdaderos malabarismos para acercarse de lejos a lo que hace pocos años llegaba de forma más natural.

Mi reflexión va encaminada a los directivos  de dichas organizaciones. Se nos llena constantemente  la boca proclamando que las personas son nuestro mayor activo, el epicentro de las organizaciones, pero ¿dónde las hemos dejado en estos momentos en los que los resultados son más costosos y donde el nerviosismo aflora en cada propuesta, en cada proyecto, en cada reunión, en cada decisión a tomar, en el día a día?

En este escenario vertiginoso, es donde el modo de gestionar dichas situaciones, diferencian a un buen líder de alguien corriente. El líder debe alimentar a su equipo, a su organización, orientando  a la acción, a los resultados, y a las personas.

La cuestión es el cómo hacerlo, cómo obtener los resultados; hoy en día es muy fácil presionar a las personas con amenazas de despido, de recolocaciones incomodas, de traslados no deseados, amparándose en  resultados no  esperados, objetivos no cumplidos, en decisiones de “arriba”, etc.

Pienso que es en estos momentos cuando más hace falta un gestor de emociones, un liderazgo fuerte y  constructivo, capaz de guiar a las organizaciones, a los gobiernos mediante la motivación, el reconocimiento del esfuerzo por encima de los resultados, la orientación, la escucha, la comprensión y el fomento del aprendizaje.

Atravesamos momentos en los que, por una parte salen a la luz noticias relacionadas con formas de gestión corruptas por parte de determinados dirigentes, y por otra parte uno de los mayores líderes mundiales de todos los tiempos parece que apura sus últimos momentos entre nosotros.

Me refiero, como no, a Nelson Mandela –Madiba- un ejemplo claro  de liderazgo en el que muchos directivos empresariales y dirigentes gubernamentales deberían fijarse  por sus formas y modos de gestionar tanto personas como situaciones adversas.

Mandela consiguió retos más difíciles que los necesarios hoy en día para salir de la situación que atravesamos en nuestra economía, en nuestra sociedad.  Logró transformar un país mediante la instauración de una nueva cultura “corporativa” basada en valores compartidos. Fácil de decir, complicadísimos de ejecutar. Él lo consiguió.

Si analizamos el liderazgo de Mandela– los resultados  son por todos conocidos- nos encontramos con una persona con un compromiso fuera de lo común, capaz de aunar y motivar hacia el objetivo común a base de coherencia, honestidad, humildad  y empatía. Gran persuasor y negociador en base a políticas de equidad y justicia, sereno en sus pensamientos pero proactivo en la ejecución. Optimista y con un alto concepto de sí mismo, basó su esfuerzo en la gestión de las diferencias,  sabiendo obtener y recompensar el éxito y los resultados con las personas de las que se ha rodeado, fomentando con ello su desarrollo como personas y por ende en el país.

Nelson Mandela posee un talento excepcional para hacer que todos aquellos con los que mantiene trato se sientan excepcionales. Frederick De Klerk, presidente de Sudáfrica 1989/1994

Pienso sinceramente que los dirigentes y directivos deben de  adquirir valores y capacidades mostradas en el liderazgo de Mandela para construir, para transformar; debemos  concienciarnos  claramente, que el desarrollo de las personas, es el desarrollo de la organización, del país.  Por ello, creo firmemente en que tenemos que hacer una apuesta decidida y sistemática por diseñar y aplicar procesos de desarrollo que permitan crecer y evolucionar a las personas de nuestras organizaciones.  Sólo de esta manera favoreceremos el incremento de confianza, seguridad, compromiso, satisfacción, capacidades y conocimientos en los “nuestros”, en nuestros compañeros, en nuestro equipo.

No perdamos el rumbo y sigamos apostando como Mandela por las personas, por sus diferencias, por su desarrollo, por la comunicación sincera, por gestionar con tacto, mediante palancas racionales y emocionales, de esta forma, dando confianza, mediante la motivación y el reconocimiento no me cabe ninguna duda que  los resultados serán más satisfactorios para todos y nos acercaremos a organizaciones mucho más sostenibles.

 

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comment 2 comentarios - puedes comentar o hacer ping

  1. Bien dicho Mikel!
    Coherencia, honestidad, humildad, compromiso y sentido dela jticia. Un buen pull de adjetivos que definen lo que entiendo por lider.

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  2. Me gustó mucho la frase de Frederick

    Gracias

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