Ética, valores, y el que venga detrás que arree

Esta mañana he leído un artículo sobre el reparto de los derechos televisivos entre los equipos de la liga profesional. Al leer las cifras me he tenido que sentar en el sillón. Una vez más, me ha recordado lo lejos que estamos de la coherencia en el mundo empresarial. Cifras absolutamente mareantes.

Y es que venimos desde hace tiempo clamando por medidas que nos ayudan a afrontar y superar esta crisis económica –graves datos del paro de octubre los publicados hoy– y aun teniendo claro que no es tiempo de sermones ni de charlas, intuimos que hoy estamos en un momento, un umbral en el que nuestra sociedad se la juega. El estado del bienestar se la juega. El modelo capitalista se la juega incluso.

Pero venimos desde hace más tiempo clamando contra el abandono de la ética como eje fundamental del sistema. Tenemos una crisis económica global, cierto. Y también vivimos una crisis de valores global; esta segunda auténtica raíz de la primera.

Ayer hablábamos de escándalos financieros, antes de ayer de la burbuja inmobiliaria o la corrupción política. Hoy me despierto y leo sobre los sueldos desorbitados de algunos políticos, y mañana hablaremos de otros casos, pero la realidad es que vivimos una ridícula espiral de escándalos en cuyo origen divisamos una absoluta falta de valores éticos. Observamos un punto en común, la falta de transparencia, de coherencia en los procesos de gestión y el escaso protagonismo de la ética, reducida a proclamas en la superficie.

Trabajo desde hace semanas en un proyecto que me ha servido para revisar los mecanismos de funcionamiento de los Consejos de Administración, y en general para profundizar en temas relacionados con el buen gobierno y la ética empresarial. Y me gustaría escribir sobre un aspecto crítico para transmitir un “hacer” honesto a los distintos agentes que se relacionan con la empresa: los valores.

Definimos los valores de una organización como los principios supremos, el ADN que debe orientar el comportamiento de la totalidad de la misma, el propósito al que las personas deben dedicar toda su energía, toda su pasión.

Definir y trabajar de forma transparente, colaborativa y honesta los valores de nuestro proyecto empresarial nos va a permitir:

  • Establecer una guía, un marco de actuación para todas las personas del proyecto
  • Favorecer la cohesión y el compromiso con el proyecto, siendo un mecanismo que apuesta por la autoresponsabilidad y el autogobierno de las personas para valorar cómo se están haciendo las cosas.
  • Fortalecer la visión compartida del proyecto, reforzar el sentimiento de pertenencia con el mismo.
  • Establecer compromisos éticos no negociables, y que ningún componente en la pirámide puede rechazar o difuminar.

No recuerdo quién se refería a los valores como el mapa de la ruta que nos permitirá llegar al destino de nuestro viaje – nuestra visión – , pero tengo claro que las creencias que proyectamos a nuestra organización, las pautas sobre cómo actuar para conseguir nuestros objetivos, tienen una relevancia fundamental para desarrollar un proyecto honesto, como profesionales y como empresa.

Y pondría mi mano en el fuego por que la sociedad que viene va a premiar a las organizaciones que trabajen bajo un paraguas de valores coherentes, transparentes, creíbles y reales. Porque cuando la definición de un valor se queda en el mero eslogan se huele. Se huele en menos de cinco minutos.

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comment 8 comentarios - puedes comentar o hacer ping

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  2. Reconforta encontrar empresas responsables trabajando por un mundo mejor, que no sólo las ONG trabajan en ello, si bien es cierto que las pymes o micropymes tienden a pasar desapercibidas bajo las masivas campañas publicitarias de las grandes compañías.

    Yo trabajo en una pequeña empresa responsable y tan a gusto que estoy que jamás lo cambiaría por una gran empresa de valores vacíos.

    Al igual que las personas buenas quizá no sean ricas económicamente, pero si son ricas en amigos que llenan su vida, las organizaciones y empresas honradas que hacen que sus trabajadores puedan desarrollarse como personas, que trabajan las relaciones a largo plazo con sus proveedores y clientes, que generan conocimiento y aportan a la sociedad mucho más que vender cosas materiales, serán más sostenibles gracias al cariño de su “gente”, trabajadores, clientes y sociedad en general.

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    • David Lamíquiz dijo:

      Efectivamente, Kai. Coincido plenamente en tu comentario. No ligaría la existencia, coherencia o desarrollo de los valores al tamaño de la empresa, aunque sí que es cierto que a mayor tamaño más concienzudamente debemos trabajar para no queden en una mera declaración de intenciones. Yo también viví un proceso de cambio, y hoy puedo afirmar que un entorno en el que se fomenten y se respeten los valores me hace mucho bien como trabajador. Es otra cosa.
      Gracias por participar.

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  3. Lil Hergeil dijo:

    Este articulo es muy bueno, quizás es algo que todos sabemos (unos muy a lo lejos) pero no había leído alguien que tuviera el valor de externarlo… que por fácil o sencillo que parezca ha merecido coraje y análisis.

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  4. David Lamíquiz dijo:

    Muchas gracias Lil, me alegro de que te haya gustado. También como consumidores y usuarios debemos premiar/recompensar modelos de organización que nos parezcan atractivos por los valores que nos transmiten.
    ¡Pequeños cambios que muevan el mundo!
    Gracias por pasar y comentar.

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  5. Hola David,

    Me ha gustado mucho tu post y en particular la idea de “trabajar de forma transparente, colaborativa y honesta” los valores. Creo que no son pocas las empresas que necesitan ayuda en este sentido, porque suelen tener una visión muy conceptual y poco práctica de este asunto.

    A las organizaciones les resulta fácil “escribir” sobre sus valores, pero “trabajarlos” en el día a día es otra cosa. Sus líderes no suelen estar conscientes de los detalles en sus comportamientos que realmente moldean los valores en sus equipos.

    Por ejemplo, son buenos dando discursos sobre el valor “respeto”, pero muchos siguen viendo el monitor de sus computadoras o escribiendo en el celular mientras “escuchan” a sus subordinados decirles algo importante.

    Así que, para que realmente tengan utilidad práctica en la cotidianidad de una organización, “trabajar” los valores es una prioridad.

    Muchas gracias por compartir tus reflexiones y permitir participar.

    Saludos cordiales desde Venezuela.

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    • David Lamíquiz dijo:

      Buenos días Juan Carlos, qué bueno leerte desde Bilbao. Maravillas de la red… 🙂
      Me gusta tu aporte sobre lo complicado que es ser coherente entre lo dicho y hecho. Entre lo que proclamo y cómo actúo. Uno de los grandes males es esa inconsistencia entre las grandes frases y la realidad del día a día…
      Mi intuición me dice que por aquí trabajamos menos los valores y la cultura de las organizaciones que por allí en Venezuela, ¿qué hay de cierto?
      Obviamente siempre hay mucho que mejorar, pero en materia de gestión de personas os vemos muy potentes por allí, con buenos enfoques. ¿Cómo lo ves?

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