Envejecer en positivo.

El pasado jueves 25 de noviembre nos invitaron desde el área de innovación social de Innobasque a participar de una reflexión colectiva sobre el futuro del envejecimiento. Se hacía referencia en la invitación a la oportunidad de reinventar el concepto de envejecer, a trabajar una propuesta de valor que permita cambiar la percepción social de la persona mayor. Nos invitaban a pensar sobre el envejecimiento como una oportunidad de generar riqueza y empleo para Euskadi desde una perspectiva innovadora. Hay gente que tracciona para intentar cambiar el chip a nivel personal y a nivel de sociedad. El envejecimiento es un fenómeno multidimensional, más allá del ámbito socio-sanitario, y en los próximos años va a cobrar cada vez más importancia.

Hacía referencia Aitor Pérez, Director de Gerokon y componente del italde, desde la revista Basque Innopolis (#017) a una cita de Frank Schirmacher:

Nuestra misión consiste en llegar a viejos. No tenemos encomendada ninguna otra.

Así, nos damos de bruces con un escenario en el que el incremento de la esperanza de vida (en España por encima de 84 años para las mujeres y 78 años en el caso de los hombres) se muestra como un reto a nivel personal, de la sociedad, y como no, de las empresas -con un impacto claro en las políticas de recursos humanos.

Como coordinador de una de las mesas del evento tuve la oportunidad de charlar con unas 15 personas -Koldo, Beatriz, Fernando, Esther, Aitor…- con las que pasé dos horas muy agradables en las que aportaron ideas y propuestas de valor. Surgieron distintos temas en la conversación, y aunque resultó sumamente complicado, intentamos resumir esas dos horas de conversación en cuatro conclusiones:

  1. La necesidad de afrontar un cambio social (educación): Es importante que desde una perspectiva de sociedad comencemos a ser conscientes de que envejecer es un proceso, no un estado, y por tanto es responsabilidad de todos, individual y colectivamente hablando, fomentar la consciencia de esta realidad y gestionar el fenómeno con anticipación. “Hemos aprendido a huir de la realidad de que, necesariamente, todos/as envejecemos”
  2. En este proceso de cambio, una de las claves que identificábamos en el grupo era promover el valor de la curiosidad y la actividad de las personas. Se consideró esencial promover valores que ligan con la implicación, la proactividad para generar acciones y enfoques -“personas y sociedad responsable”-, la solidaridad y el compartir experiencias y realidades.
  3. La normalización y el fomento de espacios intergeneracionales: Inconsciente o conscientemente hemos creado guetos para el colectivo de las personas mayores. Reducimos sus espacios, arrinconamos sus actividades, enclaustramos a las personas mayores convirtiéndolas en meros recursos para servir a sus descendientes. Y cuando ya no es posible -dependencia-, les aislamos. Desde la mesa considerábamos necesario potenciar espacios comunes en los que, de forma natural, distintas generaciones mantengan una relación normalizada sin tener en cuenta el factor edad. Se representaba gráficamente un ejemplo: San Mamés y el Ahletic. En San Mamés jóvenes, adultos y mayores comparten conversación, comparten un espacio y un formato en el que el factor edad no separa; integra a los distintos grupos poblacionales. Así mismo, se proponían algunas acciones en este sentido como mezclar en un mismo espacio guarderías y residencias de mayores, integrar a las personas mayores en las escuelas -¿por qué no un trabajo de Literatura en la que el alumno deba redactar la historia de una persona mayor?. Crear lazos entre generaciones nos ayudaría a normalizar el fenómeno del envejecimiento.
  4. Concienciar e informar vs la disposición de los recursos: Hablábamos en el grupo de una paradoja en la relación sociedad / administración. Existe una creencia entre las personas de que los recursos económicos no van donde debieran de ir; se habla de un despilfarro de los recursos: “Ante la crisis, lo primero ha sido golpear a los mayores” . Así mismo, en paralelo se pone de manifiesto que existe un desconocimiento sobre las ayudas y servicios que oferta la administración y a los que se puede acceder. “Y cuando se conocen están saturados”, comentaba una persona del grupo.

Durante el fin de semana, madurando la conversación me esforzaba en recordar cómo actúa la realidad empresarial ante este fenómeno. Las empresas escurren el bulto. En ocasiones se limitan a maquillar la realidad. Me surgían pensamientos relacionados con las prejubilaciones, las luchas que se generan entre las generaciones -¿cuántas veces se habla de vieja guardia y nueva guardia?-, los despidos con raíz en el factor edad, o la escasa flexibilidad que se muestra. Pensaba así mismo en un ideal; el de la empresa que ha crecido junto con un trabajador durante X años y que llegado el momento acompaña a esa persona en el proceso de desligarse de su realidad laboral, que anticipa la cobertura de las funciones con solapes bien planificados, que intenta que ocupante y sucesor convivan y aprendan juntos de la experiencia del primero. Acude a mi mente la empresa que integra a sus mayores en la formación de los más jóvenes, que usa los contratos de relevo sin una perspectiva utilitarista y de trampa, una empresa que trabaja para concienciar a las personas sobre las utilidades de un plan de pensiones o que procura que sus empleados tengan una mínima perspectiva financiera para actuar con diligencia tras la jubilación. ¿Está pasando? Además, desgraciadamente la relación administración / empleador se está basando en términos de coste vs prestaciones, y así no es posible afrontar ningún cambio cultural de la sociedad.

¿Pintan las organizaciones más de lo que pensamos, o deberían apartarse una vez finalizada la aventura profesional?

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  1. Apasionante tema y con grandes posibilidades de aportaciones. Experiencia frente a coste. Conociemiento frente a inexperiencia. Paciencia frente a inconformismo.

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