Once horas y cinco minutos de superación y frustraciones

Dos deportistas de élite enfrentados en un partido interminable. Como ya habréis oído por la prensa, la semana pasada se batieron todos los records históricos en duración de un partido de tenis.

Isner ganó al francés Mahut en un partido de primera ronda de Wimbledon a  5 sets, finalizando el quinto set con un marcador de 70-68.

¡Increíble! Como bien apuntaba Marca, se han batido todos los records.

Ya mientras veía el partido en casa me preguntaba ¿qué mueve a estas personas a seguir luchando?. ¡Las condiciones físicas en las que quede el ganador le impedirán siquiera avanzar una sola ronda más! En un partido de estas características -en el cual las fuerzas están tan equilibradas- ¿Qué valores han absorbido los jugadores para no rendirseseguir en la brechadarlo todo hasta la extenuación?

Está bastante claro que la orientación al logro de estos deportistas les moviliza hacia la consecución de sus objetivos pero hay otro aspecto crítico que les dinamiza: el compromiso ymentalización que se requiere y se supone a todo profesional a este nivel y el nivel detolerancia a la frustración que les lleva a superarse de una forma continua, a buscar la victoria siempre, a luchar hasta el final.

¡Lo que daríamos en las organizaciones por trabajadores con este nivel de motivación que sigan este patrón o fórmula mágica: Compromiso + Orientación al logro + Tolerancia a la frustración!

Muchas veces, a nivel laboral, nos encontramos casos de profesionales que han vivido siempre entre algodones, brillantes a nivel intelectual, con gran iniciativa y una clara orientación al resultado. No obstante, un componente que a veces obviamos es la capacidad de tolerar la frustración para seguir adelante, para no rendirse.

¡Qué importante es aprender a frustrarnos, a no triunfar en cada paso que damos y no perder el foco de nuestra labor!

En esta línea y siguiendo el símil deportivo se me ocurre el caso de dos personas que conozco, cortados por el mismo patrón, educados en la misma escuela deportiva desde los 6 años y muy centrados en la consecución de objetivos pero con una baja tolerancia a la frustración. Hasta tal punto llegan las similitudes que tras verles perder sendos partidos de tenis se oyen sirenas de rendición y de abandono. ¿Qué les lleva a mostrar estas actitudes derrotistas?

A estas personas les han metido por vena la competitividadpero se ha descuidado por completo la superación y el espíritu puramente deportivo

Extrapolando estos casos a un nivel laboral, se suelen tratar de trabajadores “impulsivos”, que se preocupan por alcanzar los objetivos pero que al mínimo problema abandonan. En ciertos casos, puede subyacer cierta inmadurez, pero una inmadurez que no se arregla con los años, sino con los golpes y  las experiencias críticas. Los entornos de protección y comodidad pueden llevarnos a alcanzar los objetivos, los éxitos, pero difícilmente nos ayudarán a aceptar nuestros fracasos, a superarnos de forma constante, a entender el error como aprendizaje,…

¡Qué importante es que las organizaciones nos preocupemos por “educar” a las personas en estos valores!

Considero que este aspecto nos diferencia tanto a deportistas como a profesionales en nuestro ámbito de trabajo; la capacidad de trabajo desde la humildad y el afán de superación ante la derrota o los errores son componentes que ligan con la tolerancia a la frustración y esas personas que han sido educadas en esos valores son las que aportan un punto diferencial respecto a las primeras.

¡Qué importante y qué poco frecuente!

En síntesis, son los valores que vamos interiorizando desde que nacemos los que conforman la base de personalidad, nuestras actitudes y acciones. ¿Y vosotros? ¿Os hubierais rendido en ese quinto set?

– Iñigo

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