Los jefes según Dilbert

¿Os habéis preguntado de dónde viene la palabra “trabajo”?

El pasado fin de semana lo descubrí gracias al artículo “¿Por qué cuesta llevarse bien con el jefe?” que Borja Vilaseca escribió en el suplemento dominical de El País. Según el autor, su origen procede del vocablo “tripalium”, que en latín significa tres palos. Os podéis imaginar por dónde van los tiros… efectivamente, se trata de un instrumento de tortura utilizado en el siglo VI. Con el tiempo, “tripalium” derivó en el verbo “tripaliare”, que significa torturar. Después surgió “trebajo” cuya traducción literal implica esfuerzo, sacrificio y dolor. En consecuencia, no sería descabellado afirmar que trabajar consiste en realizar una tarea que implica esfuerzo, sacrificio y dolor, pudiendo llegar a convertirse en una tortura.

Esto me recuerda a una de las tiras cómicas de Scott Adams, reconocido mundialmente por sus cómics de Dilbert, tiras que aprovecho a recomendaros fervientemente.

Se trata obviamente de una parodia, pero lo cierto es que al menos siete millones de empleados españoles padecen estrés, según una encuesta realizada por la Universidad de Alcalá de Henares. Sin profundizar en la cuestión, para todos nosotros es bien conocido el síndrome del quemado o burnout.

Esta sensación de malestar general vinculada a las condiciones laborales tiene mucho que ver con la relación que uno mantiene con su superior; en definitiva, su jefe. Aunque muchos se esfuercen por llamarles líderes, mentores…etc, seguirán siendo jefes.

Al hilo, Scott Adams vuelve a ironizar con el tema y clasifica a los jefes según varias tipologías:

Si bien cada persona cuenta con su propia personalidad, “la gran mayoría de jefes ejercen un liderazgo egocéntrico y autoritario orientado excesivamente a lograr resultados en el corto plazo” afirma Ken Blanchard, experto en comportamiento organizacional.

De hecho, más de 6 de cada 10 empleados españoles no confían en su jefe y un tercio se quejan de que nunca escucha, según una encuesta nacional realizada por la consultora Otto Walter. En la misma línea, el estudio de la Universidad de Alcalá de Henares pone de manifiesto que la mitad de la población activa señala a su jefe como “la principal fuente de tensión, preocupación y malestar”. Es de sobra conocida para todos la siguiente afirmación:

Cuando uno deja un empleo no se va de su empresa, sino que se va de su jefe.

Este punto nos debe hacer reflexionar. Nada más lejos de la realidad, la tira cómica de Dilbert seguro que a más de uno nos ha traído a la memoria conductas que hemos podido vivenciar en diferentes contextos.

El responsable debe ser la persona que genere las condiciones para que su equipo crezca y se desarrolle. En este sentido, no buscamos autómatas que se guíen por patrones de conducta definidos de antemano. Podemos encontrarnos con jefes que tengan comportamientos Toma-rehenes, Fraudulento, Moisés,… Al fin y al cabo, todos somos humanos, pero lo más importante de todo es funcionar desde la autenticidad vs artificialidad, cobrar conciencia de nuestra personalidad, nuestros defectos y nuestras fortalezas, pilar donde tendremos que apoyarnos para buscar dinámicas de crecimiento conjuntas y generar espacios de confianza básica con nuestro equipo.

Por otro lado, el trabajador también tiene su papel en esta historia. Queramos o no estamos condenados a entendernos, a cooperar y a convivir; no olvidemos que pasamos más de un tercio de nuestra vida en el trabajo y de todos depende – jefe / empleado – encontrar la fórmula que nos permita establecer dinámicas de intersubjetividad, sanas, de confianza; en definitiva, de ser más felices en el trabajo.

Antes de ser jefes, mandos intermedios, consejeros….somos PERSONAS y para poder mantener relaciones sanas y armoniosas entre nosotros, como primer paso será necesario que reconozcamos nuestra vulnerabilidad, romper la máscara que esconde nuestros complejos y relacionarnos desde la honestidad y la transparencia, siendo coherentes, en primer lugar, con nosotros mismos.

Este tipo de dinámicas centradas en la faceta más emocional/humana de las personas contribuirán a desarrollar estos contextos de confianza, escenarios que posibilitan desarrollar el bienestar emocional de empleados y jefes, de todos.

 

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