Chascarrillos, aparcar, y llegar a trabajar…

25 de mayo. Huelga de funcionarios en Euskadi. Llegar a trabajar ha sido una odisea con la parada de los servicios públicos…  He bajado en coche y he optado por no poner el ticket de la OTA, dado que entiendo que los “Oteros” harán su correspondiente huelga. O no. El caso es que aparcar me ha recordado una anécdota curiosa de hace algún tiempo…

Hace un año y medio tuve la suerte de trabajar para un cliente de un sector que considero apasionante; el sector nuclear. Las características del sector y la tipología de centrales nucleares construidas en España ha llevado a que hoy en día toda una generación de trabajadores esté en puertas de llegar a la edad de jubilación (siempre que ZP no lo impida).  Trabajábamos con el responsable de “Desarrollo Organizativo”, una persona habituada a realizarbenchmarkings con otras empresas del sector (algún día hablaremos de la envidia que me produce la total disponibilidad y proactividadde este sector a la hora de colaborar y poner en común con sus teóricos competidores buenas prácticas y referencias de todo tipo…), a realizar visitas a otras centrales para conocer y trasladar estructuras organizativas, herramientas de gestión, composición de equipos, desarrollo de proyectos de mejora etc.

En una de nuestras charlas, se detuvo en una anécdota que vivió en una de sus visitas a Sueciahace algunos años. Resulta que al llegar con su homólogo a la Central Nuclear sueca cada día, se fijaba en que esta persona, procedía a aparcar en el punto más alejado del parking con respecto a la entrada a la Central. No importaba el número de espacios que hubiera cerca de la entrada, esta persona siempre aparcaba en una zona alejada. Y el resto de coches realizaban la misma acción; iban ocupando las zonas alejadas, para progresivamente ir completándose el parking hasta llegar a los aparcamientos más cercanos a la entrada principal.

En estas se encontraba nuestro interlocutor, dubitativo y cuestionándose -gota en la frente- la razón por la que, si ante el ya de por sí tedioso proceso de control de acceso a la Central (que cuenta con distintas medidas de seguridad, al estilo de aeropuertos y no una, sino varias), los trabajadores de la central se afanaban en aparcar lo más lejos posible de la entrada. Tras varios días de reflexión procedió a preguntar a su homólogo sueco la razón por la que la gente aparcaba “de lejos a cerca“, en vez de como haría cualquier mortal, “de cerca a lejos” – ¡y el que llegue el último que arree!.

La respuesta de éste tuvo todo el sentido del mundo, y para él era de lo más coherente (nunca se lo había cuestionado): “Si nosotros, que llegamos con tiempo suficiente a la Central, aparcáramos cerca de la entrada, las personas que llegan más justas de tiempo, por la razón que fuera, se verían obligadas a aparcar mucho más lejos, generando una consecuente pérdida de tiempo adicional para llegar a la entrada. Ante esto, lo más sensato es ir aparcando según vamos llegando de forma ordenada, lo contrario sería egoísta y descortés“.

Mi conocido quedó ojiplático, absorto, incrédulo, patidifuso, y un montón de adjetivos más.

Más o menos como yo cuando me lo contó. Posteriormente me hizo pensar y dar vueltas a cuestiones de mayor calado filosófico. Y comencé a entender muchas cosas sobre nuestro país. A entender  al costumbrista literario que respondía al seudónimo de Fígaro, a comprender por qué nos pasan las cosas que nos pasan, por qué roba todo el que puede y todo lo que puede, por qué nunca veremos una dimisión en nuestro sistema político, por qué pagar en negro es un motivo de orgullo, por qué preguntar en clase cuando te asalta una duda es motivo de mofa por parte de tus compañeros…

¡Qué curioso! ¡Qué tristeza! ¡Que tenga que venir un sueco a enseñarme lo míseros que son los valores con los que he crecido!

– David

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comment 2 comentarios - puedes comentar o hacer ping

  1. Sergi Bardaji dijo:

    David, sencillamente genial, no tan solo la anécdota en sí, sino además las conclusiones que obtienes a partir de ellas. Qué difícil es ser generoso para muchas personas, cuando la experiencia nos demuestra que siempre se recoge cuando se siembra

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  2. David Lamíquiz dijo:

    Muchas gracias Sergi por la lectura y participar. Es una anécdota que siempre llevo encima, me hace pensar muchas cosas…
    Un saludo

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