Athletic Club: un ejemplo de la necesidad de alinear valores en las organizaciones

Últimamente se está hablando largo y tendido en los medios de comunicación de la situación que atraviesa el Athletic Club. Primero, salió a la luz el enfrentamiento entre el entrenador y la empresa de construcción que estaba llevando a cabo las obras en Lezama, lo que derivó en un enfrentamiento entre la directiva y el mismo entrenador. Más adelante, en el terreno deportivo, la marcha de Javi Martínez y el caso Llorente, entre otros, han generado que las aguas estén bastante revueltas en el entorno rojiblanco.

Más allá de toda esta vorágine de acontecimientos que giran alrededor del equipo, ¿qué ha provocado que dos de los estandartes del club, los futbolistas con más “pedigree” del equipo, busquen su salida? Algunos hablan de la presión que traslada el entrenador a los jugadores, otros de falta de comunión entre la afición y ciertos futbolistas,… En mi opinión, existe un riesgo de simplificar el problema.

…Quizá sea necesario abordar el problema desde un enfoque más sistémico; lo sucedido es un síntoma. Las organizaciones ponen de manifiesto síntomas que hay que saber recoger, elaborar e intervenir / aplicar una terapéutica adecuada. Óscar Duña.

Realizando un análisis y valoración de esos síntomas que hemos podido apreciar a través de las comunicaciones y decisiones que se han ido tomando a lo largo de los últimos meses, podemos identificar relaciones entre esta falta de arraigo por parte de jugadores y una falta de comunión o alineamiento en lo que hace referencia a la cultura y los valores que se traslada desde altas esferas del club.

En el mundo deportivo, en muchas ocasiones, oímos hablar de la tolerancia a la frustración, de la necesidad de sobreponerse a fracasos, de la competitividad, etc. Asimismo, considero que no debemos olvidarnos de un tema tan relevante como es la correcta gestión del éxito, lo que nos permite mantener los pies en el suelo y evitar desbarros. Está claro que el pasado año, aunque no se saldara con títulos, nadie pone en duda que fuera un año extraordinario en lo que hace referencia al rendimiento deportivo del club; en este contexto es donde cobra mayor importancia la correcta gestión de los egos, tanto de jugadores como entrenador y directiva.

Profesionales del fútbol que han formado parte de un plantel que ha logrado grandes gestas a nivel internacional, buscan a día de hoy nuevos proyectos deportivos, nuevos retos y aspiraciones, que no parecen tener cabida dentro del club.

  • … Parece ser que ya no se conforman con formar parte del Athletic…
  • … Parece que las bases que han sostenido al equipo durante generaciones no son las que responden a las aspiraciones de determinados jugadores en el momento actual, lo que genera falta de entendimiento y comprensión entre interlocutores…
  • … Parece ser que existe una disfunción por el déficit de integración de la diversidad en lo que hace referencia a los valores de un club centenario, los valores de la actual directiva, los valores del entrenador y los valores del capital humano del club…

El “gure estiloa” – nuestro estilo – acuñado y referenciado durante años desde la directiva del Athletic es un término con fuerza, que mueve sentimientos y emociones. No obstante, me pregunto si los atributos / significantes que se encuentran detrás de esta filosofía son compartidos por todos los agentes que conforman el club. ¿Puede situarse en dichos significantes una de las raíces de esa desalineación a la que hacíamos referencia?

No nos olvidemos que los jugadores son el capital humano en cualquier otra organización; si deseamos que ésta sea sostenible será necesario entender y gestionar de forma adecuada a dicho capital humano; parece ser que la estrategia de retención hasta el momento se ha basado en factores higiénicos ¿acaso el compromiso se gestiona tan solo a base de talonario?

¿Cómo retenemos a futbolistas de tal calibre, a los profesionales de talento que destacan en nuestras organizaciones? ¿Cómo re – construir la fidelidad hacia la marca Athletic?

Hasta el momento se podía pensar que la marca estaba afianzada; en los últimos tiempos no ha habido grandes sobresaltos al respecto, por lo que parecía que el compromiso de los jugadores con el equipo era indiscutible. No obstante, este verano ha provocado que despertemos de nuestro letargo, con una crisis institucional sin precedentes.

El alineamiento entre valores culturales del club y valores personales de los profesionales es un aspecto crítico para poder construir un proyecto común y obtener mejores resultados. En el punto en el que nos encontramos se identifica confrontación entre culturas y valores provenientes de generaciones y herencias diversas.

La cultura de una organización es un reflejo de la conciencia, los valores y las creencias de sus líderes. Richard Barrett

Aunar esfuerzos, gestionar las diferencias e identificar las motivaciones de los profesionales se convierte en una tarea primaria para la Junta Directiva, quienes deberán liderar la transformación del club desde la auto-transformación, un paso previo necesario para asentar una cultura coherente e integradora.

Las organizaciones no se transforman por sí solas, son las personas quienes lo hacen. Para ello, la influencia del líder cobra una total relevancia.

Como decíamos anteriormente, en los valores se encuentran la raíz de las decisiones, las comunicaciones y las acciones. La falta de alineamiento genera entornos tóxicos y falta de cohesión organizacional, por lo que será importante que desde el club se trabaje en pos de lograr una cultura construida por todos.

Tal y como comenta mi compañero Óscar Duña, la clave se sitúa en identificar cuáles son nuestros focos estratégicos. Como en toda organización que desea ser sostenible en el tiempo, el Athletic deberá encontrar una respuesta a esta pregunta con urgencia; ahora bien, integrando las motivaciones y expectativas de todos los agentes implicados, lo que permita lograr un “GURE estiloa” integrador,  y así poder construir una identidad más robusta y compartida.

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comment 4 comentarios - puedes comentar o hacer ping

  1. Juan Carlos Lopez Ubis dijo:

    Respetado Iñigo

    Creo que, aunque has hecho un comentario sincero y teóricamente apañable, no te enteras (o no quieres enterarte) de qué va “esto”.

    ¿Valores de club, historia, idiosincrasia, compromiso con el territorio? ¡Por favor! ¿A quién vas con esa matraca trasnochada? ¡Eso solo es humo emocional que se vende a los socios y abonados! ¡Consumibles para la prensa y la opinión socio-política! ¡Ilusión y motivación -benditas sean- para los deportistas en etapas de formación!

    Los jugadores que citas son profesionales de una ocupación llamada FÚTBOL; buscan su desarrollo deportivo, laboral y económico. Y la organización con la que tienen ficha no les puede ofrecer nada satisfactorio en cualquiera de estos tres ámbitos, no tiene para ellos un proyecto ilusionante.

    Les llamas “capital humano”. Disculpa, pero este es un término obsoleto y que lamentablemente indica muy a las claras lo que son las personas para una organización que así las define: elementos a utilizar en pos de un beneficio. Si el club hubiera tenido necesidad u oportunidad de comerciar satisfactoriamente con ese “capital” ya lo hubiera liquidado y, seguramente, con frases como: “agradecemos a estos jugadores su entrega al beneficio de la entidad”, “era lo mejor para el club y esperamos que la afición comprenda que lo primero es asegurar el futuro”, “era el momento adecuado, teniendo en cuenta que la situación es la que es”, etc.

    Y por favor, no vayamos al aspecto identitario. El dinero no tiene patria, a no ser que la patria ponga mucho dinero. Un detalle en la final de la Eurocopa: El jugador riojano mueve la bandera de su comunidad de origen; el jugador navarro se envuelve en la bandera de su pueblo. El club, cuyo máximo representante aparece estos días en actitud displicente hacia quienes abjuran de las sagradas tradiciones, compró en su momento a base de talonario las voluntades de los progenitores de aquellas futuras estrellas y los servicios de estas. Sin embargo, estos chicos ya nos mostraron en Ucrania que el futuro que ellos querían no pasaba por permanecer en la mejor organización deportiva de fútbol profesional de Euskal Herria.

    Dirudienez, zuen estiloa ez da beraiena. Penagarria, benetan.

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    • Hola Juan Carlos,

      Agradecemos tu participación en el blog. Desde luego, tu opinión es respetable e integras aspectos que considero no son tan diferentes a lo que hablamos en el post. Hablas del fútbol como negocio (por supuesto que lo es) y de las inquietudes de los futbolistas que no siempre se integran desde las Juntas Directivas. En ocasiones, lo que es necesario es pararse a pensar en lo que buscan estos jugadores y no tanto mirarnos al ombligo. Empezar a hacer algo para que podamos ofrecer un proyecto retador, donde integrar las aspiraciones de los jugadores; ése debe ser el objetivo. Por nuestra parte, el énfasis lo situamos en cómo se puede construir un club más sólido y sostenible de cara a futuro.

      Un saludo,

      Iñigo

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  2. Iñigo,
    He llegado hasta este blog casi de casualidad, por la mañana me he acudido a vuestra oficina para informarme y al remitirme a la web he leído también el artículo.
    En primer lugar aprovecho este espacio, aunque no sea el más idóneo, para agradeceros la amabilidad con la que me habeis atendido y daros la enhorabuena por la web, clara y concisa.
    Y, haciendo referencia al post, el fútbol es un tema un tanto díficil de explicar por la gran diversidad de opiniones que existen. Durante mi carrera (Psicología) a pesar de especializarme en Psic. Organizacional tuve la oportunidad de estudiar Psicología deportiva y desde luego estoy muy de acuerdo contigo.
    En mi opinión, el capital humano (jugadores, técnicos y directiva) es siempre la base de cualquier proyecto empresarial, un club deportivo no deja de serlo. El principal obstaculo que puede surgir entre los miembros de un grupo es la falta de comunicación. No sentirse valorado bien por su líder o por quienes juzgan su trabajo cada semana, puede llevarles a una baja motivación y falta de interés por continuar.
    Cuando percibimos una organización como ganadora queremos formar parte de ella independientemente de que los resultados sean inmediatos. Nadie puede negar que llegar a dos finales en un mismo año es un triunfo en sí mismo, pero me sorprende y mucho, la poca satisfacción de muchos aficionados.
    Valorar y saber agradecer debería ser parte del famoso “gure estiloa”.
    Ahora que os he descubierto, os seguiré leyendo.
    Un saludo,
    Laura.

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  3. Iñigo Diego dijo:

    Muchas gracias por tu aportación Laura!!
    Me parece que haces apuntes interesantes ligados al reconocimiento y la motivación, pilares claros del éxito organizacional.
    Asimismo, me parece de gran interés el significante que incorporas al “gure estiloa”, ya que gran parte de la identidad del club la conforma su afición.
    Esperamos seguir en contacto.
    Un saludo y gracias,
    Iñigo

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